Defensoría Pública del Ecuador

Joe: “pagué una condena que no era mía, casi un año estuve adentro”

Después de once meses en la cárcel, Joe Angulo al fin camina libre junto a su madre por las calles de Guayaquil. Recuerda con mucha angustia que cuando supo que iría preso le preocupaba su seguridad: “Por la condición de que soy gay pensé que me iban a hacer algo allá adentro. Sentía miedo”.

Joe es un joven de apenas 19 años, los cumplió adentro de la cárcel, en agosto pasado. Después de que el 29 de junio de 2016, en la audiencia de flagrancia, el juez ordenara la prisión preventiva para él y para su amigo Estiven Panchana, por haber estado en el interior de una vivienda en Guayaquil, en la que la policía encontró 20 gramos de heroína. La droga no era de ellos, ni siquiera la habían visto o tenían idea de que estaba ahí.

La noche anterior a su detención, Joe y Estiven estaban reunidos y llegó su amiga Doménica Yandre- ese es el nombre con el que Joe la conoció siempre; Doménica también pertenecía a la diversidad sexual. Estiven, por su parte, la conoció esa noche. “Vámonos un ratito a mi casa, vamos a conversar”, les dijo. Fue entonces que los dos muchachos fueron a la casa de Doménica, cuando se les hizo tarde prefirieron dormir ahí.

A la mañana siguiente no había nadie en la casa, excepto ellos dos y de repente llegó la policía: “tumbaron la puerta y preguntaban por la Yandre con una foto. Nosotros les decíamos que es la dueña de la casa pero que no estaba”. Al registrar la vivienda, encontraron dos envolturas con heroína sobre el cilindro de gas de la cocina. Estiven comenta que ni siquiera habían entrado a esa parte de la casa.

“Nos preguntaban ‘de quién es esto’ y nosotros nos quedamos nulos, les dijimos que no sabíamos”. Para Joe era una sorpresa que su amiga Doménica esté involucrada en temas de drogas. Él la conocía desde hace tiempo y nunca la había visto en eso. Al no haber nadie más en la casa los llevaron detenidos. “Tienen que cooperar” les dijeron y como los muchachos no tenían nada que temer, hicieron lo que la policía les dijo. Así empezó la pesadilla de Joe y Estiven.

Durante la mayor parte del juicio ambos tuvieron abogados particulares; la familia de Estiven contrató uno y en el caso de Joe, sus padres acudieron a un amigo.

María Corozo, la madre de Joe estaba muy preocupada sobre todo por la salud de su hijo. “Yo sufría y decía mi hijo no puede estar aquí porque mi hijo tiene una enfermedad”. Joe tiene VIH. Por eso María lo alimenta bien para mantener sus defensas altas y se angustiaba mucho al ver que cada que iba a visitarlo su hijo estaba más delgado.

Al ver que el juicio caminaba y el abogado no realizaba mayor gestión, María Corozo decidió acudir a la Defensoría Pública. Fue así que el defensor Patricio Cobos tomó el caso de ambos muchachos.

El problema era que ellos solo conocían a la dueña de la casa bajo el nombre de Doménica Yandre, pero al pertenecer ella a la diversidad sexual, este nombre no constaba en ningún lado. Además, para conocer a nombre de quién estaba la vivienda donde se encontró la droga, se había oficiado a entidades municipales, sin embargo, la vivienda pertenecía al proyecto Socio Vivienda, del Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (MIDUVI).

Es así que cuando Patricio Cobos tomó el caso, pudo comprobar a través de una consulta al MIDUVI que el nombre del propietario de la casa era Christian Molina y que, de acuerdo a la información del Registro Civil, él es Domenica Yandre.

Con esta información, el Defensor Público logró que en la última audiencia se ratifique la inocencia de Joe y Estiven y recuperen su libertad. Joe recuerda que cuando escuchó que era inocente pensó que “al fin terminó esta pesadilla” y vivir esta experiencia no le desea a nadie, porque realmente es muy difícil: “sinceramente fue algo muy duro, por saber que no era mía la droga, estaba pagando una condena que no era mía, casi un año estuve adentro”.

Él y María, su madre, están agradecidos con la Defensoría Pública. Joe espera que otras personas también puedan beneficiarse de los servicios de la Defensoría. “Hay mucha gente inocente en la cárcel, pagando condena injustamente”, dice. Uno de esos casos es el de su amiga Antonella a quien le recomendó los servicios de la Defensoría. María hizo la misma recomendación a los familiares de la chica. “Yo les dije que aquí hay abogados buenos que hacen bien su trabajo y pueden ayudarlos”.

Joe y Estiven han retomado su vida después de pagar once meses de una condena que no les correspondía. Al salir de la penitenciaría, Estiven se acercó a su hija y Joe retomó sus estudios. Está terminando el segundo año de bachillerato. Una vez que finalice el colegio quiere ir a la universidad a estudiar danza o teatro.

María sabe que su hijo es gay, lo acepta, lo respeta y lo quiere tal y como es porque es un ser humano como cualquier otro. Ahora María está tranquila porque puede cuidar de él y alimentarlo bien. Recién un chequeo médico les confirmó que la salud de Joe está mejor. Los fines de semana él la ayuda a vender comida. María siente que esta experiencia dolorosa le ha acercado a su hijo.

B168-2017
29-junio-2017

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