Alfredo recuperó su derecho a la identidad

La historia de Alfredo Josué no es fácil de explicar, mucho menos de entender. Se trata de un caso que supera la ficción: es costumbre que los padres inscriban el nacimiento de sus hijos(as), pero llama la atención, y de hecho estremece, que un padre anule los derechos fundamentales de su hijo, inscribiéndolo como muerto con el fin de evadir sus responsabilidades.

El 4 de enero de 2017, la Unidad Judicial de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia de Portoviejo, presentó a la Coordinación Zonal del Registro Civil la disposición de nulidad de la inscripción de defunción de Alfredo, llevada a cabo en Portoviejo, en 1999.

Alfredo nació en Manabí, el 15 de diciembre de 1998, hoy tiene 19 años; fue abandonado por sus padres cuando era muy pequeño, por lo que él y su hermana mayor, Narcisa, quedaron a cargo de su abuela Edilta, de 76 años.

Su madre, Asunción, se fue y nunca lo buscó. Una vez le dijeron que la vieron en Quito, pero a él le da lo mismo. De su padre Guillermo se sabe muy poco.

Alfredo vive en Picoazá, lugar que hoy se conoce como “el centro de Portoviejo”, ya no estudia, se dedica a ayudar a su tío Cruz en la construcción. Su inusitada historia inició cuando cursaba el séptimo año de educación básica y le pidieron la partida de nacimiento.

Su hermana siempre lo ha representado en los asuntos de la escuela. En octubre de 2014, lo acompañó al Registro Civil para hacer el trámite: sacar la partida de nacimiento y aprovechar para cedularse. Entonces, se llevaron una desagradable sorpresa: Alfredo constaba como fallecido en razón de una inscripción de la partida de defunción suscrita por su padre, el 4 de noviembre de 1999. Guillermo inscribió la defunción de su hijo, asegurando que su muerte fue el desenlace de un cuadro “diarreico-fiebre y vómito”.

A Alfredo le duele mucho que su padre haya actuado de esta manera; ahora sabe que todo fue por no pagar una pensión alimenticia en el caso de que su madre impulsara una demanda. Además, se siente anulado por la irresponsabilidad de quien realizó la inscripción falsa en el Registro Civil. Para su hermana Narcisa, no hay situación más cruel: “hacerlo pasar por muerto. Mi hermano no era nadie”. Comenta que acudieron a la Defensoría Pública porque son muy pobres y no tenían cómo costear el proceso en que el se le reconociera como un ciudadano vivo de este país.

Uno de los testigos de este caso fue Rosa, quien alegó conocer la situación de abandono de los hermanos Alfredo y Narcisa desde muy pequeños, ella declaró que los padres no se preocuparon nunca por ellos.

En diciembre de 2016, gracias a la gestión de Melanie Mendoza, defensora pública, se logró la nulidad de la inscripción de la partida de defunción de Alfredo. El proceso legal resolvió la reforma de partida de nacimiento por datos inexactos.

Alfredo quiere seguir estudiando y trabajando. Ahora sabe que tiene derecho a tener una familia como espacio natural y fundamental para su desarrollo integral.
Después de un arduo proceso, con la nulidad de la partida de defunción, la Defensoría Pública consiguió devolverle los derechos fundamentales a la identidad y, de alguna manera, la vida.   

B047-2017
15-marzo-2017

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