Kathy vivió 19 años sin identidad

“Nunca pude estudiar porque no tenía ningún papel. No veía futuro para mí. Hablé con el señor y me fui de la casa” Kathy, a sus 13 años, empezó a trabajar de niñera puertas adentro. El trabajo era agotador, “yo cuidaba al niño toda la mañana, la tarde, la noche, la madrugada, yo me desvelaba. Era muy duro”. Después de casi seis meses, Kathy ahorró dinero suficiente para poder salir de ahí y empezar una vez más.

David empieza a llorar, es hora de su comida. Kathy lo abraza, lo mira con una sonrisa, le pone en su regazo y le da de lactar, él se tranquiliza, ella continua su relato.

“Arrendamos un cuarto con tres amigas. Ellas me daban clases”. Verónica, Jessica y Fabiola se convirtieron en sus compañeras y maestras. Trabajó de mesera y empleada doméstica. A sus 14 años viajó a La Concordia con una amiga, ella le presentó a su familia y empezó a trabajar como niñera. En esta casa la acogieron, le enseñaron a hacer manualidades y cuidaron de ella. Esa familia que la acogió, se convirtió más tarde en su propia familia.

Después de un año viviendo en aquella casa, Kathy conoció a Eduardo, que visitaba a su familia. Él vivía en Machala.

Fueron novios y se unieron cuando ella tenía 16 años. “Él me preguntaba mi segundo nombre. Yo le decía que no tengo y le contaba mi historia. Él decía: sin papeles es como que no existieras. Cómo piensas algún día estudiar, tener hijos, si no tienes papeles, no tienes nada”. David se ha calmado, dejó de comer, ahora reposa en el hombro de su mamá mientras ella le da golpecitos en la espalda.

Vivieron más de dos años en La Concordia, debido a la crítica situación y la falta de trabajo, Eduardo decidió regresar a Machala. Cuando él viajó, Kathy no sabía que estaba ya embarazada. A los tres meses regresó por ella, su situación había mejorado y en el sur del país había encontrado trabajo en las bananeras y un lugar para vivir.

Kathy, hasta ese momento, se las había arreglado para vivir sin ser reconocida como una ciudadana. Sin embargo, su embarazo le exigía ser identificada como un sujeto con deberes y derechos. “En el hospital me decían que no me podían atender porque no tenía documentos. Yo les decía que no tenía la culpa y ellos decían, nosotros tampoco, necesitamos documentos para poder atenderla”, su tono de voz sube, se exalta al relatar su paso por varios hospitales rogando para ser atendida.

Su embarazo avanzaba y su desesperación también. No sabía en donde daría a luz. Hasta ese momento había podido realizarse tan solo un eco, de modo que tuvo que viajar a Esmeraldas y rogar para que le “ayuden”.

De pronto, un hermano de la iglesia evangélica a la que asisten, le comentó a Eduardo, pareja de Kathy, que leyó en la página web de la Defensoría Pública el caso de un chico de la provincia de Napo que pudo obtener su cédula a los veinte años gracias al apoyo de un abogado gratuito. Eduardo ingresó a la web, verificó la información, vio la dirección y motivó a Kathy para buscar ayuda. “Yo le decía a mi marido, a mí no me van a ayudar, ahí decía que ese chico tenía una abuelita, yo no tengo a nadie, cómo me van a ayudar con los papeles”, afirma Kathy mientras mueve de un lado a otro a David que ha empezado a impacientarse.

Al llegar a las oficinas de la Defensoría en El Oro, Kathy fue atendida por Aimé Maza, defensora pública provincial, quien escuchó el caso y designó una abogada. Ya acompañada por su defensora pública, Andrea Orellana, fue al Registro Civil a exponer su situación y esperar una respuesta. Inicialmente, pensaron que ella era Los Rostros de la Defensoría Pública del Ecuador colombiana: “hable, hable me decían, usted está mintiendo. Yo no soy de allá les contestaba”.

 

 

 

Mientras los trámites avanzaban, Kathy explicó en el subcentro de salud que ya tenía una abogada y que ella resolvería su problema. “Les pedía que me atendieran, ahí me revisaron, me hicieron ecos, pero dijeron que sin papeles no me podían pasar al hospital”.

Para avanzar con el trámite, el Registro Civil solicitó a Kathy que viajará a las oficinas de esta dependencia en Esmeraldas para obtener un certificado que ratifique la no existencia de algún tipo de inscripción. En este momento, Kathy cursaba su octavo mes de embarazo.

Con el certificado emitido y con Kathy a punto de dar a luz, la Defensoría Pública de El Oro envió un oficio, de autoridad a autoridad, para resolver lo antes posible el caso. La respuesta fue positiva.

En este proceso, Kathy dio a luz antes de obtener sus documentos de identidad, por el pedido de la Defensoría y la presentación del trámite en curso, ella fue atendida en el hospital, David Eduardo nació a través de una cesárea, sin complicaciones. Para la defensora Aimé Maza se trataba de defender los derechos de una ciudadana ecuatoriana y, en particular, de una madre de familia que reclamaba su legítimo derecho a un nombre propio.

La aceptación de inscripción tardía fue aceptada. Kathy debía escoger sus nombres y sus apellidos, estos debían estar entre los más comunes de la provincia en la que nació. “Me han dicho Kathy desde pequeña, solo me aumenté otro por si acaso ella aparece. Mi nombre es Katherine Elizabeth Quiñónez Valencia”. David grita de repente, llora, su madre lo pasea.

El 7 de diciembre de 1995 es la fecha de nacimiento que aparece en su cédula. No la escogió al azar. “Me acuerdo que el señor Pacheco una vez me dijo la fecha, calculaba que yo tenía la misma edad que una de sus hijas”.

En la cédula, la sección para los nombres de padre y madre se encuentran vacíos. “Yo no he pensado en buscarla (a su madre) si le habría importado no me habría dejado tan pequeña, ahora de grande para qué”.

Katherine Elizabeth fue inscrita, empadronada, tiene cédula, es ya, a sus 19 años, si su memoria y sus cálculos no fallan, una ciudadana ecuatoriana. “Siempre me decían, no existes en el planeta, las personas saben que existes porque te ven, pero van a buscar documentos y no estás”. Sonríe, hace una pausa y continua, “siempre me pregunté cómo será eso de votar. Veía que la gente firmaba y yo me ponía a practicar en un papel”. Ahora Kathy piensa estudiar belleza, tener un título. Su vida es diferente, estable. “Mi marido y yo cuidamos juntos al bebé. Los sábados, él (Eduardo) mira al niño y yo duermo, porque David muchas veces pasa despierto toda la noche. Él lo cuida, lo trata bien y ya aprendió a cambiar el pañal”. Con los documentos listos, Kathy se casará pronto el civil.

Kathy camina tranquila, David se ha calmado y se entretiene mirando su entorno. “Yo quería estudiar, tener un nombre, un apellido. Soñaba con casarme, con tener hijos y me decía cómo voy a hacerlo. Tantas cosas que quise hacer y no pude por no tener documentos. Pensaba que nunca iba a tener cédula, que nadie me iba a ayudar”.

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